Praga. Si no hubieran nombrado entre países esa ciudad,habría continuado mi camino hasta el Libertad, 8 donde me esperaba Marta, Claudia y Marcos para tomar unas copas. Praga. Unas vacaciones, recién divorciado, viajé a la República Checa, anónimo, con dos libretas y varios libros entre ellos Rayuela. Leía por las noches, ordenadamente un número de páginas o de capítulos exacto. Un día de lluvia, y cristales rotos en un contenedor (escribí esto en la libreta. No tenía demasiado ánimo) en la parada gris, sucia, destartalada de Mallostranská, subió una pareja de ancianos. Se sentaron, él primero y ella le ayudó. Sonrió brevemente, cómplice. De pronto, imperceptible apenas, un segundo, él le acarició la nuca y se coló entre sus cabellos encanecidos. Ladeó la cabeza, suspirante. La mano descendió y sobre el muslo de él se encontraron 10 dedos, juguetones, acariciantes, dulces. Se bajaron en Staromestsky orloj y caminaron a paso lento con un paraguas compartido (me los imagino en verano compartiendo una toalla o un helado de pétalos de rosa). Volví a mi libreta y taché Un día de lluvia y cristales rotos en un contenedor y escribí La felicidad atenta contra las instrucciones de uso de los corazones de temporada. Antes de bajarme miré hacia los asientos ocupados por la pareja y entre ola y ola y algo de arena por los oídos, descubrí una cartera de cuero viejo. No quedaban casi viajeros y mi checo no era lo suficientemente claro como para que entendieran que la había encontrado y no robado. Así que decidí llevármela sin saber muy bien qué hacer con ella. Ya lo decidiré más tarde. Bajé en Namestí Republiky y nada más ver alejarse el bus 56 Pavel Burian y Jarka Nedved. Nacidos en Kladno,112 Zadusni. Fotografías de un niño pequeño, de un adolescente, de un trajeado en el día de su graduación. Un nombre, un lugar y una fecha detrás de esta última: Daniel, Universidad de Praga,1999. Al otro lado de la vía, por el pasillo de la entrada, la pareja de ancianos coloca unas estampillas religiosas y unas cuantas fotos sobre el estuche del violín. El calentamiento de Pavel ha terminado y Jarka, abre la partitura y suena Josef Myslivecek. Como en el cine, entra el metro en la estación y me devuelve a Ventura Rodrídez, destino Gasómetro, 17 donde me espera Marcos y su hijo, Quique. Hodně štěstí…
No hay comentarios:
Publicar un comentario