Pelucas, las escobas están llenas de cabellos rizados, lisos, cortos, largos, con mechas, desordenados. Las sillones tienen algún resto que otro de crema de afeitar, los espejos están desgastados por los bordes, dando apariencia de una vejez prematura. Consigo leer de lado un anuncio de "Peluquería de Caballeros Antonio". Entran varios hombres con mono azul y escayola por las manos, las comisuras de los labios y el pelo. Antonio, sin afeitar, saca tabaco de liar y masculla ininteligibles derrotas. En el 83, cerró varias semanas por obras: puso las sillas plateadas con cuero azul, nuevos espejos, nuevas palanganas para las cuchillas. Mira hacia atrás y sigue sorbiendo poco a poco el rótulo, aún latente: "Peluquería de Caballeros Antonio". Esta vez le rompieron en la cabeza la botella más difícil, la que no entiende de venganzas, ni de "te espero mañana en tal o cual calle". Se traspasa. Ese rótulo con su nombre irá perdiendo la “p”, la “a” en orden azaroso. Tira la colilla, con desdén. Se larga, caput. Se extrae la piedra de la locura, el raskólnikov particular y comprueba que está a principios de mayo y su abono mensual es de abril. Saca la lista de la compra y escribe "puerros. 2 de yogures de piña con melocotón. Fanta Naranja".Próxima apertura
Pelucas, las escobas están llenas de cabellos rizados, lisos, cortos, largos, con mechas, desordenados. Las sillones tienen algún resto que otro de crema de afeitar, los espejos están desgastados por los bordes, dando apariencia de una vejez prematura. Consigo leer de lado un anuncio de "Peluquería de Caballeros Antonio". Entran varios hombres con mono azul y escayola por las manos, las comisuras de los labios y el pelo. Antonio, sin afeitar, saca tabaco de liar y masculla ininteligibles derrotas. En el 83, cerró varias semanas por obras: puso las sillas plateadas con cuero azul, nuevos espejos, nuevas palanganas para las cuchillas. Mira hacia atrás y sigue sorbiendo poco a poco el rótulo, aún latente: "Peluquería de Caballeros Antonio". Esta vez le rompieron en la cabeza la botella más difícil, la que no entiende de venganzas, ni de "te espero mañana en tal o cual calle". Se traspasa. Ese rótulo con su nombre irá perdiendo la “p”, la “a” en orden azaroso. Tira la colilla, con desdén. Se larga, caput. Se extrae la piedra de la locura, el raskólnikov particular y comprueba que está a principios de mayo y su abono mensual es de abril. Saca la lista de la compra y escribe "puerros. 2 de yogures de piña con melocotón. Fanta Naranja".
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