Miguel en una fiesta para los Erasmus. No puedo imaginármelo. Manuel con un tubo de cocacola no bebo alcohol. Mis amigas riéndose y yo ruborizada. Más bien era uno de esos programas de intercambio para que se conocieran los que estaban fuera de sus países. Igual fue una fiesta de esas en las embajadas. El caso es que estaba rodeado de rubias, polacas, suizas, belgas, alemanas del sur que no loe dejaban ni a sol ni a sombra. Yo le había echado el ojo desde que entré porque esa timidez relativa y esa delicada forma de moverse me enganchó, nada brusca. En un momento coincidimos en la barra. Hola, qué tal. Menudo ambiente, eh...¿yo? No, no estoy de vacaciones, trabajo aquí desde hace unas semanas y me quiero quedar. Ah, estás en IBM Producciones audiovisuales...qué bien. Yo, traductora en Munilla y Asociados. No está mal. Claro que me interesa el cine...no conozco mucho del español, sí Almodóvar, sí, Buñuel, sí, Amenábar...nada más. ¿Médem? No. Ya estaba liado todo. Él me dio su número de teléfono, la llave que abre todas las puertas y quedamos varias veces y vimos películas y nos comimos las palomitas uno sobre el otro, y estábamos tan cargados de deseo que nos prometimos eternamente. Al poco tiempo, quebró la empresa de Miguel y trabajó como operario de iluminación y sonido para unos eventos deportivos porque su hermano aún tenía contactos..un par de semanas, el inocente. Un par de semanas para sacar algo de dinero. Un par...y subido a un andamio a 7 metros y el viento o la estructura “eventual por circunstancias de la producción” “obra o servicio”. El caso es que “traumatismo craneoencefálico severo”, el caso es que “debe firmar aquí y aquí y cinco copias”.
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