miguel gutiérrez, de 29 años domiciliado
en parla, calle virgen del mar, 3, al lado
del bar Santa Olalla, murió de un infarto
aún lo recuerdan los viajeros en constante
desaceleración, lentamente, alargando el brazo
hacia la nieve, conociendo perfectamente
su futuro, las sensaciones imanan fortuitas
y esa mano palpa el frío, larga sombra
su silueta cava experta una dirección
lentamente, tragedia cansada, se detuvo
y todos lo vieron con los ojos abiertos,
por fin, en tregua, inaccesible ya,
alguien dijo que lo vieron a toda prisa
entrar en correos, un minuto antes de la pausa
68 gramos cincuenta céntimos es el precio
más barato que pagué por correr desnudo
rápido, más rápido y lo más fugaz y ligero,
me llamo miguel gutiérrez, próxima parada.
Pablo Esteve
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